El diseño sirve a una causa práctica, es el principal rasgo que lo diferencia del resto de artes. Cada aspecto de algo que haya sido diseñado tiene su razón de ser. El tamaño de la tipografía en una valla publicitaria, el ángulo del respaldo de una silla, los colores de un banner, la apertura del asa de una taza… todo se realiza de acorde a una meta: que sea legible, que sea ergonómico, que llame la atención, que transmita un mensaje… El diseño pues, es lógico.
Por supuesto, es lógico de acuerdo a nuestro propio razonamiento humano. Para entender como nos afecta lo que percibimos es muy útil saber como funciona la mente humana. La mente humana no es capaz de imaginar completamente cosas que no haya visto antes, podemos, no obstante, crear mezclas y derivados porque disponemos de un fuerte sentido de la asociación. Esto es importante:
La mente humana es asociativa

En esta composición el último elemento nos incomoda visualmente. Llegamos rápido a la conclusión de que si estuviera más arriba y un poco a la izquierda estaría mejor.
Alrededor de este elemento se crea un área en blanco que “perturba” a nuestro cerebro. Es lo que se conoce como espacio negativo.
Este espacio negativo se crea debido a que nuestra mente busca patrones similiares que ya hayamos visto antes, en este caso lo más cercano es una composición más geométrica con los elementos alineados. Bien usado, el espacio negativo lo podemos convertir en un recurso más a la hora de diseñar. Nos puede servir para dotar de más peso visual una zona determinada. Un ejemplo de esto lo tenemos en la página de inicio de nuestra web.

Hemos usado este recurso para resaltar el botón del centro de la web, de esta manera es más facil para el usuario reconocerlo como un elemento importante con el que interactuar.
Es una técnica interesante que debemos tener en cuenta, y como siempre, la práctica lo es todo